noviembre 19, 2009

Fragmento #1

Tania nació un martes frío y lluvioso, muy parecido al día en que diecisiete años después se quitaría la vida. Su madre la miró fijamente a los ojos y le hizo la promesa de siempre estar a su lado y cuidarla como sus padres nunca pudieron hacerlo con ella, promesa que le fue imposible cumplir pues tan sólo nueve minutos después falleció por una hemorragia a causa del parto. Sin embargo, Tania nunca aparentó su soledad, las drogas y el sexo indiferente eran el disfraz perfecto de un alma destrozada y un corazón escaso de caricias. “Todos sabíamos que esto pasaría, al menos yo lo esperaba” Me comentó Laura, una de sus amigas más cercanas, ahogada en lagrimas. Tania tenía todo lo que cualquier niña de su edad querría, a excepción de una familia. Gregorio, su padre, se caso con una mujer dieciséis años menor que él, tan sólo cuando Tania cumplió siete, desde entonces ella se vio obligada a guardar sus muñecas en aquel empolvado baúl que su abuela le regalo a su madre el día de su boda, y tuvo que mirar por si misma.

noviembre 15, 2009

Reconciliación.

Aquí estoy, escribiendo. Después de olvidar mi pluma y mi cuaderno, he regresado, me he reconciliado con la soledad y el fracaso. De nuevo estoy aquí, desahogando mi alma, vaciando mi mente, arrepintiéndome de cada una de mis pendejadas, armando el puto rompecabezas de mi corazón que volvieron a deshacer en mil pedazos. Las ideas fluyen inesperadamente, la tristeza me invade, se apodera de mi cuerpo, de mi alma, otra vez la noche me intimida, otra vez me inundo en lagrimas, otra vez reencarnan mis heridas y me doy cuenta que no, esto no es lo mió, porque nunca aprenderé a no amar.

Imagina.

Sólo por un momento imagina que soy tuyo. Imagina como éste flaco y pandroso bohemio te sueña. Imagina viajar en mi cuerpo. Imagina tus manos divirtiéndose con las mías. Imagina como disfrutas estar entre mis brazos. Imagínate el sabor de mis besos, el saber que te quiero y te entrego el corazón. Imagina las sonrisas que te arranco. Imagina que en mi esta eso que tanto buscas en otros.

noviembre 05, 2009

La dosis perfecta.

Hoy con el deseo y ansias de desahogo que traigo dentro y con toda la intención de plasmar en este indiferente espacio algo que aligere el alma, decidí usarte a ti como mi principal musa.

Cada día me levantó con todas las ganas de despertarte y es que me duele verte así, encontrarte agonizando me destruye a mi también. Me mata ver como ese maldito virus te consume cada día más y me desespero al saber que somos contados los que buscamos ayudarte. Todos estamos sufriendo y, sin embargo, no hacemos intento para salvarte. Me encabrona la impotencia de tener la cura frente a nuestros ojos, pero no poder verla y quienes pueden prefieren cerrar los ojos y fingir que no hay nada. Esta ahí, pero con la mirada perdida todos caminan dispersos para salvarse y se olvidan del objetivo principal, tú.

En verdad duele saber que no te queda mucho tiempo, me duele saber que no podré seguir contigo y que tendré que abandonarte para dejarte morir solo. ¿Pero que pasaría si todos decidiéramos quitarnos la puta venda de los ojos e inyectarte esa dosis perfecta de armonía que te hace falta? ¿Por qué no tomar ese antídoto de la violencia y dártelo en pastillitas? ¿Por qué tu gente se esmera en destruirte? ¿Por que chingados no podemos ayudarte?

octubre 05, 2009

Un espía en ti.

Camino por terrenos peligrosos. Soy un intruso en ti, en tu cuerpo. Voy en silencio, sigilosamente para que ni tú ni nadie me note. Cuidadoso de no caer en alguna trampa, de no pisar las minas escondidas en tu piel. Me camuflo en tu amistad para llegar a tu boca, la entrada a mi objetivo. La misión no es sencilla, estoy en zonas prohibidas, llenas de obstáculos letales. Pecho tierra me deslizo por tu deseo, acaricio tu lujuria y esquivo tu rechazo. Me acerco peligrosamente al objetivo, puedo verlo e imaginar como lo obtengo. Aquí me tienes, escondido en ti, soñando y esperando el momento perfecto para robarme lo más preciado, tu corazón.

septiembre 27, 2009

Carrera diaria.

¿Cuanta distancia existe entre tú y yo? Todos los días me levanto con la única intención de alcanzarte. Realizo mi calentamiento que consta en bañarme, peinarme y perfumarme para ver si así te das cuenta que estoy detrás de ti y bajes tu velocidad. Entonces suena el disparo y comienza esta larga, competida y divertida carrera diaria, que ya se ha vuelto un eterno maratón. Ahí me tienes echando la gota gorda por ti, deshidratado y muerto de cansancio, pero vivo de ilusión. Me mata la curiosidad de saber que haré cuando te tenga, pues me siento como el perro que persigue eterna y escandalosamente al auto sin pensar que pasaría si lo alcanzara. A veces te veo tan cerca y quiero agarrarte y besarte, pero antes de hacerlo mis piernas no responden y tropiezo, entonces te alejas de nuevo. Después de tantos días, tantas caídas y desilusiones he comprendido que ésta , nuestra carrera, ya no es de velocidad, sino de resistencia.

El viaje continúa.

Hace un rato que tenía bastante olvidado este lienzo, ya comenzaba empolvarse demasiado y es que, afortunadamente, en las últimas semanas el tiempo me ha sido insuficiente. El caso es que hoy decidí ponerle un alto a esta larga sequía de ideas, me paré en la esquina de la inspiración, le hice la parada, me subí, pague la tarifa y con destino a tu corazón vuelvo a viajar en El Microbús.

agosto 04, 2009

Te tengo.

Te deslizas sobre mi rostro después de juguetear en mi cabello, limpias las lágrimas de mis ojos y acaricias mis mejillas hasta llegar a mis desiertos labios. Los besas. Tus brazos enredan mi cuerpo y susurras en mi oído un suave y exquisito “te amo.” Diriges tus dedos hacia los míos y te diviertes con ellos mientras tu mirada me grita cuanto tiempo había deseado este momento. Tus ligeras piernas rosan mi piel incitándola a descubrir la tuya. La lluvia presencia nuestro ansiado, divertido y peligroso encuentro, nos acompaña con el ligero sonido de las gotas en la ventana. Mis manos recorren tu abdomen y disfrutan de su suave y tibia textura. Estas conmigo, pero yo no contigo. Pues imaginarme el momento me es más sencillo que hacerte notar que existo.


julio 30, 2009

Yo no me quejo.

Normalmente acostumbro encender la televisión en cualquiera de los dos noticieros nocturnos de las principales cadenas mexicanas (no tengo algún preferido, por lo tanto los campechaneo día con día.) Me sirvo mis Choco Crispis y me acuesto a escuchar las noticias más “relevantes” del día mientras leo alguna revista o checo el Facebook para ver qué nuevo e inútil quiz hay. Como lo mencione, es algo que ya se ha hecho costumbre en mi vida cotidiana, sin embargo, el día de hoy decidí ponerle especial atención al noticiero. Fue algo que me dejo realmente consternado, pues a pesar de que noche tras noche escucho sobre los crímenes que, desgraciadamente, se han convertido en hechos “normales” para la sociedad, nunca me había puesto a pensar en la complicada situación en que vive este pobre y moribundo país, que es el mío y el tuyo.

Yo se que tal vez no cuento con la experiencia suficiente y sobre todo con la credibilidad para comentar el tema, pero estos diecisiete pinches años me bastan para saber que este no es el camino correcto y que este sistema no funciona. No me voy a poner a criticar a este fracturado gobierno, al contrario, pues soy de aquellos que creen fielmente en la leyenda: “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.” Y es que esto es lo que nos hemos ganado. Dejemos a un lado el cansado tema de la democracia y que somos “nosotros” quienes elegimos a “ellos.” En mi opinión ninguno de nosotros tiene el derecho de decir esas ya habituales frases como “pinche gobierno corrupto”, “prometen y nunca cumplen” o “estaríamos mejor con López Obrador.” Porque ¿nosotros quien chingados somos para quejarnos? Me encantaría conocer aquella persona que nunca ha copiado en un examen, que nunca se ha estacionado en un lugar prohibido, que nunca se ha pasado un alto, que nunca ha dado mordida, que nunca ha llamado por celular en un gasolinera, que nunca se ha bajado de un microbús por la puerta delantera, que nunca ha entrado a un banco con lentes obscuros o gorra, que nunca ha excedido el límite de velocidad, que nunca haya dado una vuelta prohibida, que nunca ha dejado la popo de su perro en la calle o que nunca haya cruzado una avenida bajo un puente peatonal. Me encantaría conocer alguna persona que nunca haya hecho nada de esto, pues sólo así tendría derecho a quejarse de su gobierno.

Aquí estoy de nuevo.

Regresó ese hermoso y doloroso aroma a soledad, por fin se siente ese aire frío que se transforma en inspiración. Los sentimientos se alborotan deseando un abrazo que los tranquilice, sin embargo, ese abrazo se ve distante. El cuerpo vacío tiembla pidiendo a gritos ese lujo necesario que eres tú. El temor se introduce en mi mente y la recorre destruyendo cada pedazo de esperanza que se le atraviesa. El fuego no calienta, el silencio es muy ruidoso, la lluvia no moja, la comida no sabe, tú no estás.